domingo, 3 de junio de 2012

Leyendas Asiáticas

La silla maldita:
En Korea, como en otros paises asiaticos, es muy importante estudiar mucho y ser un buen estudiante. Una chica se esforzaba mucho pero era muy difícil. No era que el material era muy difícil, sino que su espalda le dolia a los pocos minutos de sentarse en su silla en el salon. La incomodidad no le permitia estudiar correctamente y sus notas empezaron a declinar. Su madre se mostro preocupada y llevo a su hija a varios doctores, pero ninguno encontraba algo malo en la joven. Lo curioso era que la chica podia concentrarse tranquilamente sin dolor en cualquier otra silla a excepcion de esa. La madre desesperada consulto con una adivina y esta le aconsejo q tomara una foto de ella usando la silla en cuestion. La madre tomo la foto y cuando la vio, se sorprendio de lo que vio. En ella aparecia su hija, pero tambien aparecia otra chica con una soga al cuello ahorcandose, la cual trataba de apoyar sus pies en los hombros de su hija. Esa chica era la antigua dueña de la silla q se habia ahorcado saltando de esa silla cuando no aguanto mas porque no podia con la presion de las notas en la escuela.




La reencarnación:
Una pareja recien casada tuvo su primer hija a los pocos meses. Sin embargo, la niña nació con deformaciones que llamaron la atencion de sus vecinos, lo que provoco rumores y que hablaran mal de la joven pareja. La pareja, cansada de los rumores, en un momento de desesperación, se llevaron a la criatura y la tiraron al rio. Por un tiempo se dieron cuenta del error que habian cometido, pero al poco tiempo las cosas empezaron a mejorar para ellos. A los pocos años tuvieron otra hija, saludable y hermosa y con el paso del tiempo vivieron felices. Un verano, los padres decidieron abordar un crucero. La nave zarpo y no tardó mucho antes de que estuvieran en el medio del océano sin tierra a su alrededor. Se encontraban los tres observando el paisaje en la baranda del barco, cuando de repente la niña se vuelve hacia sus padres y les dice "mama, papa, no me vais a volver a tirar al agua otra vez, ¿o si?"


El Conejo de la Luna:

El conejo es un elemento de la tradición japonesa clásica enmarcado en el ámbito de las leyendas populares. Los japoneses ven en la superficie de luna la imagen de un conejo machacando arroz con un martillo para preparar *mochi (¿curioso no? ). El conejo de la luna tiene su propia historia. No está allí por casualidad, ni es la mascota olvidada de Armstrong . Se cuenta que un viejo peregrino encontró un día un mono, un zorro y una liebre (en ocasiones se cambia el mono por un oso). El hombre, de avanzada edad, se encontraba agotado por su viaje lo cual le llevó a pedir a los tres animales, como favor, que le consiguiesen algo de comida. El mono se subió a un árbol y recogió jugosas frutas, el zorro con su gran habilidad para cazar atrapó un ave y la liebre, con gran pesar, volvió con las manos vacías.

Al ver al viejo con la cara triste y cansada, se sintió culpable. Entonces recogió ramas y hojas secas, encendió una fogata y se lanzó dentro para ofrecerse a sí misma como alimento. El viejo, conmovido ante el trágico sacrificio del pobre animal, reveló su verdadera identidad. Era una deidad de gran poder que recogió los restos de la liebre y los enterró en la luna como monumento a su gesto de solidaridad. Es una historia de sacrificio y entrega que forma parte de la cultura japonesa. Como nota curiosa, después de narrarla suele explicarse, principalmente a los niños, que los conejos saltan tratando de alcanzar a su héroe que descansa en la luna.

En muchas series se aprecia la inclusión del conejo en referencia a la propia tradición nipona. El ejemplo más notorio de ello es Sailor Moon, en donde el nombre de la protagonista, Tsukino Usagi, representa literalmente al conejo de la luna. La historia del conejo también se observa en Saint Seiya donde es relatada por Shiryu. Igualmente, en Dragon Ball incluyen ese elemento, siendo Goku en esa ocasión quien se encarga de llevar el conejo a luna .

*Mochi: Dulce típico japonés, parecido al algodón de azúcar, que se prepara para celebrar el Shogatsu, fiesta de bienvenida del año nuevo en la que se visitan los difuntos y se pide por el año que empieza.


El pescador Urashima: 


El pescador UrashimaUrashima vivió, hace cientos y cientos de años, en una de las islas situadas al oeste del archipiélago japonés. Era el único hijo de un matrimonio de pescadores. Una red y una barquichuela constituían toda su fortuna. Sin embargo, el matrimonio veía compensada su pobreza con la bondad de su hijo Urashima. Y sucedió que cierto día el muchacho caminaba por una de las calles de la aldea, cuando de pronto vio a unos cuantos niños que maltrataban a una enorme tortuga. De seguir de aquel modo mucho tiempo hubieran acabado por matarla y Urashima decidió impedirlo. Se dirigió a los chicos, y, reprendiéndoles por su mala acción, les quitó la tortuga. Cuando la tuvo en sus manos pensó dejarla en libertad y para ello fue hacía la playa. Una vez allí la llevó a la orilla y la dejó en el mar. Vio como la tortuga se alejaba poco a poco y cuando la perdió de vista Urashima regresó a su casa orgulloso de haberla salvado. Sentía una gran satisfacción por haber librado al animal de sus pequeños verdugos. Transcurrió algún tiempo desde aquel día.
Una mañana, el muchacho se fue a pescar. Tomó el camino que conducía a la playa y cuando llegó puso la barca en el agua, se montó en ella y remó mar adentro. Llevaba largo rato remando y por momentos perdió de vista la orilla; decidió echar al agua su red y cuando tiró para sacarla hacia fuera notó que le pesaba más que de costumbre. Cuando logró levantarla, con gran sorpresa, vio que dentro de la red estaba la tortuga que él mismo echó al mar, la cual, dirigiéndose a él, le dijo que el rey de los mares, que había visto su buen corazón, la enviaba para conducirle a su palacio y casarle con su hija, la princesa Otohime. A Urashima le entusiasmaban las aventuras y accedió muy gustoso, aunque la incertidumbre no dejaba de merodearle en su cabeza. Juntos, la tortuga y Urashima, se fueron mar adentro hasta que llegaron a Riugú, la ciudad del reino del mar. Era maravillosa. Sus casas eran de esmeralda y los tejidos de oro; el suelo estaba cubierto de perlas y grandes árboles de coral que daban sombra a los jardines; sus hojas eran de nácar y sus frutos de las más bellas pedrerías.
Hacia los asombrados ojos de Urashima, avanzaba una hermosísima doncella: era Otohime, la hija del rey del mar. Le recibió como a un esposo y juntos vivieron varios días en una completa felicidad. Todos colmaban al pescador de todo género de atenciones, y entre tanta delicia, Urashima no sintió que el tiempo pasaba. No podía precisar desde cuándo estaba allí. ¿Para qué iba a querer saberlo? No debía importarle. La vida en aquel maravilloso lugar le parecía inmejorable; nunca pudo soñar nada semejante. Y cuando más feliz estaba, sucedió que un día se acordó de sus padres. ¿Qué sería de ellos? Sin duda sufrirían mucho sin saber lo que había sido de él. Y desde aquel momento la tristeza se apoderó de todo su ser. Nada lograba distraerle; ya no encontraba aquel lugar tan encantador y hasta le pareció menos bello. Sólo deseaba una cosa: volver junto a sus queridos padres. Y así se lo comunicó una mañana a su esposa, cuando ésta procuraba por todos los medios averiguar la causa de su pena. Al decirle Urashima lo que quería, Otohime se entristeció; procuró convencerle de que se quedara junto a ella, pero nada cambió su decisión, ni siquiera el amor que ambos habían cultivado juntos todo ese largo tiempo. El pescador estaba firme en su propósito. Así, pues, Otohime prometió devolverle a la aldea y con un lucido cortejo le acompañó hasta la playa. Cuando al fin llegaron, la princesa entregó a Urashima una pequeña caja de laca, atada con un cordón de seda. Le recomendó que, si quería volver a verla, nunca la abriese. Después se despidió de él y con su acompañamiento se internó en el mar.
Pronto Urashima la perdió de vista. Con la cajita en sus manos, miraba fijamente a las aguas. Así estuvo algún tiempo y después recorrió la playa con la esperanza de ver de nuevo a su padres. De nuevo estaba en su pueblecito. Las mismas arenas, las rocas de siempre, el mismo sitio donde de pequeño tantas veces había ido a jugar. Le parecía que su vida en la cuidad del mar había sido un sueño. "¡Qué lejos todo aquello!" pensó. Entonces encaminó sus pasos hacia su casa, pero cuando entró en la aldea no supo por dónde tirar. La encontraba completamente cambiada, no la reconocía. Las casas eran más grandes que antaño, con tejados de pizarra que sustituían a los de paja, todo era diferente. La gente se vestía con vistosos quimonos bordados. Parecía otro lugar. Y, sin embargo, era su pueblo, estaba convencido de ello. La misma playa, las mismas montañas, sólo las casas y la gente habían cambiado. Entonces decidió preguntar a unos muchachos dónde se encontraba la casa del pescador Urashima, puesto que éste era también el nombre de su padre. Los muchachos no supieron responderle, no conocían a tal pescador. Entró en un comercio e hizo la misma pregunta al dueño, pero éste le dijo lo mismo que los chicos, "nunca habían oído hablar de tal pescador". Entonces pensó que quizás tampoco era cierto el hecho de que su padre de siempre le transmitió que un anciano legendario del pueblo era el que creía conocer a todos los habitantes de la pequeña aldea. En esto quizás sí acertó su padre, porque al pasar por allí un hombre que debía de tener muchos años, a juzgar por su apariencia, dijo con voz tenue que él sabía mil historietas antiguas del pueblo y conocía las vidas de sus antiguos habitantes. Urashima se dirigió a él, por indicación del dueño de la tienda y le preguntó dónde estaba la casa del pescador Urashima. El viejo no contestó, se quedó un momento pensativo, y al cabo de un rato reaccionó diciendo.
-Casi lo había olvidado, hijo. Han pasado más de cien años desde que murió el matrimonio. Su único hijo cuenta la leyenda que un día salió a pescar y que a partir de entonces nadie volvió a saber lo que le sucedió al pequeño.
Urashima empezó a comprender. Mientras vivió en la ciudad del mar había perdido la noción del tiempo. Lo que le habían parecido sólo unos cuantos días en realidad habían sido más de cien años. No supo qué hacer. Se encontraba completamente solo en un pueblo que, aunque era el suyo, le era total y en absoluto extraño. Entonces se dirigió a la playa de nuevo, añoraba, ahora, y comprendía, entonces, el poco amor que le quedó por descubrir y prometió volver al encuentro con la princesa Otohime.Pero pensó "¿Cómo puedo llegar hasta ella?" En su precipitación por ver a sus padres olvidó cuándo se despidieron. También preguntarle de qué medio se valdría para volver a verla. Y de pronto recordó la cajita que tenía entre sus manos. Se olvidó de que no debía abrirla y pensó que haciéndolo quizá pudiera ir junto a Otohime. Desató sus cordones y la destapó, abriéndola por completo. Al instante salió de ella una nubecilla que se fué elevando, elevando, hasta perderse de vista. En vano Urashima intentó alcanzarla. Entonces recordó la recomendación de la princesa, su atolondramiento le había dejado en blanco. Ya no volvería a verla. Sintió, pues, que sus fuerzas le abandonaban, que sus cabellos encanecían, que su rostro se marcaba de innumerables arrugas, haciendo de su piel una suave tela; su corazón cesó poco a poco hasta que dejó de latir, hasta que al fin cayó al suelo precipitadamente, con la mirada perdida en el firmamento. Cuando a la mañana siguiente fueron los muchachos a bañarse, vieron tendido en la arena a un hombre decrépito, sin vida. Era Urashima que había muerto de viejo.
Todavía hoy algunos pescadores de ciertos pueblos del Japón cuentan a sus hijos esta historia, para que no se distraigan en sus tareas diarias. Ingeniosa, mágica, triste y ejemplo.


El zorro y el lobo:
Habia una vez un kitsune [antiguamente los japoneses creian que los zorros eran algo asi como magos, entonces les dio por llamarlos Kitsune que significa zorro-mago] que siempre saqueaba las aldeas. Un día de invierno, los cazadores, estaban decididos por cazarlo por haber saqueado su aldea, entonces, un cazador empezo a seguir al kitsune, el cual corria muy veloz. Pero derrepente, el cazador dispara y deja herido al zorro. El cazador, se va a buscar una jaula para llevarselo. Cuando se fue, un lobo ve al zorro tirado entre la nieve, y empezo a dudar entre comercelo o llevarselo para cuidarlo, decidio llevarlo a su guarida. Cuando el kitsune desperto, se dio cuenta de que no estaba en la nieve, si no que en una calida cueva. El lobo entra y el kitsune dice ''aah! un lobo! traera a su manada y me comeraaan t.t'' el lobo dijo ''.. no tengo manada ¬¬'' el zorro dice ''aah! el solo me comera t.t'' y el lobo ''no te voy a comer ¬¬U''.. Luego de eso se hicieron muy amigos xD!
Cuando el cazador habia vuelto, al ver que no estaba el kitsune en la nieve, hizo que derrumbaran el bosque. El zorro y el lobo al saber eso, empezaron a ver desde lejos tal desdicha. Vieron a una mujer con un bebe en brazos, pero los cazadores, creyeron que era el zorro disfrazado, mataron a la mujer y al bebe, lo cual hizo que el kitsune y el lobo les diera tanta furia, que se convirtieron en bestias mitologicas. El zorro se convirtio en un zorro gigante con 3 colas [Kyuubi -6 XD] y el lobo en un lobo mas grande [O:]. Empezaron a atacar a los cazadores, pero, era tanta su furia, que empezaron tambien a atacar la aldea. Una niña les dijo que no atacaran la aldea, ya que era una aldea compasiva. Pero el zorro, al tener tanta furia en su interior, no podia controlarse, entonces, salto para atacar a la niña, pero el lobo se puso intermedio. El lobo quedo herido a muerte, y el zorro recupero la conciencia de si mismo. El zorro al ver lo que hizo, se ''transformo'' en un humano y cargo al lobo herido en brazos. El kitsune pasaba por la nieve hasta que no pudo más, y cayo muerto.
Se dice, que hay un pequeño pueblo en japón, que tiene totem's con figuras de un lobo y zorro, los cuales son en honor al kitsune y al lobo.

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